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Vn. Ojos del Salado 1.956





Expedición al Ojos del Salado 1.956.
 
A fines del año 1.954 e inicios del año 1.955, aparece publicado un artículo sobre una Expedición Chilena, la cual había realizado cumbre en el Volcán Ojos del Salado; ellos habían tomado una medición de 7.010 metros sobre el nivel del mar.
Este hecho fue el detonante para que un grupo de amigos del Barrio Latino, que motivados por esta idea, se dispusieran a realizar igual proeza.
De inmediato, esta inquietud comienza a tomar forma y se agrupan algunos amigos con un objetivo, ascender este volcán por la vertiente argentina.
Este grupo de entusiastas jóvenes tenían una experiencia limitada sobre el ascenso a grandes montañas, ya que principalmente sus antecedentes estaban ligados con actividades que se desarrollaban en el Cordón del Ambato. Pero impulsados por ideales puros, llenos de espíritu de superación, deciden realizar una expedición al Ojos del Salado en enero de 1.956; para tal fin, era necesario realizar una serie de acciones tendientes a cumplir con la meta pactada.
A raíz de esta circunstancia, es que deciden formar una Agrupación de Montaña, la cual canalizaría las inquietudes y el plan de acción, que consistía entre algunas cosas, en generar los recursos materiales, recabar información sobre la región en la cual se iba a desarrollar la actividad de montaña, preparar y organizar el equipo.
El día 9 de Julio de 1.955, en la calle Ayacucho al 700, en la casa de la familia Peralta, se reúnen Jorge Araoz, José Cansino, Carlos Navarro, Nora Serrano, Carlos García, Jorge Paack, Antonio Salado, Antonio Carrazana, Dora, María Amalia y René Peralta, Ester García y Blanca López; tras una larga tertulia, donde se expresaban diferentes ideas sobre qué tipo de organización se debía constituir, y teniendo como fin la práctica de los deportes de montaña, en esa noche gris y fría, y tras la moción de José Cansino, se funda la Agrupación de Montaña Calchaquí.
En las reuniones siguientes se designa a la comisión que conduciría los primeros pasos de la Agrupación, nombrándose presidente a Carlos García, secretario Jorge Araoz, tesorero René Peralta y vocales Jorge Paack y Nicolás Romero. Esta comisión se puso de inmediato a trabajar en la recolección de fondos para poder solventar los gastos que demandaría la primera expedición; en el mes de octubre de 1.955, ésta designa los integrantes de la expedición, que estaría conformada por René Peralta, Antonio Carrazana, Julio Díaz y Carlos García.
A parir de dicha designación, el grupo elegido por la comisión se aboca al entrenamiento físico, reunir y fabricar el equipamiento necesario, debido a que en esa época, estos elementos no existían en el mercado; estos objetivos son logrados en tiempo y forma gracias al apoyo de toda la Agrupación.
Estos primeros equipos constaban de mochila, construida de una estructura de hierro y loneta, tomado de un modelo facilitado por el Ing. Tretau; para todo el grupo, una carpa realizada con paño que el Ejército donó, como así también los botines, a los que se adosó una planta de goma extraída de cubierta de autos; la indumentaria (pantalones y anoraks) comunes de loneta, que fueron impermeabilizados con parafina por nosotros mismos. El resto de los elementos necesarios fueron adecuados de lo existente en esa época, con ingenio y sentido común, debido a que ellos no eran aptos para soportar el frío y la altura a las que seríamos expuestos.
Cuando logramos el primer objetivo de la comisión, partimos el día 19 de enero de 1.956 desde la calle Mota Botello, con todo el entusiasmo y la expectativa ante lo desconocido que generaba nuestra juventud, y la confianza para esta hazaña.
Durante el viaje comenzamos a entender que esta aventura no sería fácil debido a que sufrimos los primeros imprevistos, fruto de la dureza del terreno que recién comenzábamos a transitar. Así es como se rompió el palier del camión que nos conducía en Rumi Rallana, percance que nos costó dos días de atraso a la expedición, y nos obligó a comer el maíz entero que llevábamos para las mulas en un locro improvisado, para proteger las raciones que habían sido confeccionadas por el grupo, en base a cantidades y calorías necesarias para los días de ascenso a la montaña.
Cuando solucionamos el incidente, continuamos hasta el paraje denominado Cazadero Grande, en donde nos esperaban 2 guías: Don Segundo Quiroga y Don Díaz, con 8 mulas alquiladas que nos permitirían aproximarnos al cerro.
A partir de ese momento, comenzábamos a vivir la inmensidad de esa majestuosa cordillera, que en cada paso que avanzábamos, nos sorprendía con paisajes indescriptibles y al mismo tiempo nos enseñaba, sin que nos diéramos cuenta, la grandeza de la Creación, y lo inmensamente pequeños y frágiles que somos ante ella. Esta vivencia, sin duda forjó lo que el hombre de montaña tiene en su espíritu y cambió, sin querer, la visión de la vida y marcó el rumbo que seguiríamos en nuestras vidas. Al llegar a la base del cerro, montamos nuestro campamento, al pie del glaciar, donde comenzamos a realizar trabajo de lanzadera para poder ir armando nuestro primer campamento de altura, y al mismo tiempo aclimatarnos; la tarea se comenzó a realizar con muchas dificultades debido a que los equipos con que contábamos eran precarios y nuestra experiencia era limitada. Esto trajo complicaciones a medida que ascendíamos, y sumado al tiempo que habíamos perdido con la rotura del camión, es que nuestro tiempo se había agotado en la zona, y debíamos emprender el regreso, que estaba sujeto a los días de alquiler de los animales.
Con las experiencias vividas, emprendimos nuestro regreso. A medida que transitábamos el camino, no podíamos dejar de darnos vuelta y mirar ese majestuoso gigante que nos había vencido en ese primer intento. En silencio, nos prometíamos a nosotros mismos que regresaríamos, y a la vez agradecíamos a Dios la oportunidad que nos había dado de conocer su creación, y asumimos la responsabilidad de transmitir esta vivencia a todas las generaciones.
Sin ninguna duda, este evento marcó a todos los integrantes una señal de amistad y agradecimiento a Dios, y a todas las personas que hicieron posible esta maravillosa travesía.
 
 
      Carlos Eduardo García
ex Presidente y Socio Fundador









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2009-04-03 (4240 Lecturas)

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