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Expedición Nevados del Chañi 2.008





La A.M.C. alcanzó la cumbre más alta de Jujuy……
Cumbre en el Chañi!!
La idea.
            El la primera semana de septiembre de 2.007, la Agrupación de Montaña Calchaquí realizaba su Asamblea General Ordinaria con renovación de autoridades de Comisión Directiva; unos días después, la Secretaría de Deportes a cargo de Martín Barros e Ignacio Blás, presentaba un ambicioso proyecto denominado Kuntur II: 6 provincias, 6 cumbres. Un proyecto que, recuperando una denominación casi épica en la historia de nuestra Institución como lo fue la Expedición Kuntur al Ojos del Salado de 1.987, persigue como objetivo principal ascender la cumbre más alta de las provincias que componen los Andes Centrales y la Puna, a la vez que busca la trascendencia a nivel nacional de la A.M.C. y la consolidación del grupo de montañistas que intentará el Cho Oyu en 2.010.
            Así, las cumbres que componen este sueño son: los Nevados del Chañi (5.896 m.s.n.m.) en Jujuy, el volcán LLullaillaco (6.738 m.s.n.m.) en Salta, el volcán Pissis (6.882 m.s.n.m.) en Catamarca, el cerro Bonete (6.759 m.s.n.m.) en La Rioja, el cerro Mercedario (6.770 m.s.n.m.) en San Juan y el cerro Aconcagua (6.962 m.s.n.m.) en Mendoza.
            Con la llegada de las vacaciones de invierno, decidimos poner en marcha este proyecto, lanzando una expedición invernal a los Nevados del Chañi, sabiendo de antemano lo dura que sería la montaña en esta época del año.
El acercamiento.
            El día sábado 19 de julio comenzó con la sorpresa de la pickup de Carlos sin batería, pues mi amigo nuevamente dejó la llave en contacto; tras remolcarla un buen rato, conseguimos ponerla en marcha, cargamos todos los bultos en las dos pickups y a las 6:50 horas partimos Claudia Caletti, Noelia Miranda, Libia Pereyra, Martín Barros, Christian Borgogno, Carlos Rodriguez Lastra y yo, en tanto que Juan Cruz y Lucrecia Molas sólo nos acompañarán hasta El Moreno. Encaramos por la Ruta Nacional Nº 38 hacia Tucumán; después de renegar bastante con los carritos cañeros que no usan la banquina para circular, a las 10:30 horas pasamos frente a San Miguel de Tucumán. Tras reponer combustible y tomar un café, seguimos adelante por la Ruta Nacional Nº 9 en un fantástico tramo de autopista con dirección norte, hacia Jujuy. Sin embargo, unos pocos kilómetros después volvimos a la ruta de dos carriles con un intenso tráfico.
            Al no encontrar combustible en San Salvador de Jujuy, seguimos en la misma dirección hacia Tilcara donde, al no haber combustible tampoco, cambiamos de decisión y continuamos 42 Km hacia Humahuaca (23º 12’ 18,8’’ S – 65º 20’ 16,5’’ O – 2.892 m). Una villa increíble en medio de la Puna, con un monumento fantástico a los héroes que participaron del Éxodo Jujeño; fue entonces que todos nos sentimos atraídos por los chulos, guantes, medias y souvenirs de los lugareños. Una cena con menúes típicos de la zona (humita, locro y empanadas) y a dormir en un hostel característico, con habitaciones bajas y camas con colchas multicolores.
            Al día siguiente, nos levantamos a las 7:30 horas, cargamos nuevamente las pickups y a las 8:30 horas, con los tanques llenos (ayer conseguimos gasoil en Humahuaca), salimos hacia Tilcara; desayunamos y tomamos la Ruta Nacional Nº 52 hacia el oeste pasando por Purmamarca, donde hoteles y hostels modernísimos permiten que la gente pueda disfrutar de la maravillosa Quebrada de los 7 Colores. Seguimos adelante hasta encontrar la Cuesta de Lipán, donde un caprichoso caracoleo permite alcanzar los 4.170 m.s.n.m., para iniciar luego el descenso. Así, llegamos al acceso a la Ruta Provincial Nº 79 y la tomamos hacia el sur, pasando por un caserío: Tres Morros (23º 42’ 51,1’’ S – 65º 50’ 22,5’’ O – 3.377 m), donde los pocos habitantes se preparaban para su fiesta patronal. Seguimos hacia el sur y, tras 25 Km de tierra, arribamos a El Moreno (23º 51’ 13,2’’ S – 65º 49’ 53,9’’ O – 3.497 m). Un valle bastante amplio y numerosas casas nos sorprendieron, con una escuela preciosa del Plan Nacional 700 Escuelas pronta a inaugurarse; pero nada podía igualar la vista de la cara norte del Chañi (cumbre principal del nevado homónimo), con unos contrafuertes rocosos que nos hacen acordar a la cara oeste de nuestro Manchao. Tras conversar con Mercedes Vilte, nos instalamos en la casa parroquial, donde permaneceremos hoy y mañana para continuar con el proceso de aclimatación a la altura.
 

La maravillosa quebrada del río Purmamarca, patrimonio de la humanidad.
 
 
            Hoy lunes 21 de julio, si bien teníamos planeado levantarnos tarde, una ventana del salón parroquial que mira al este nos pone el sol sobre la cara, obligándonos a dejar las bolsas de dormir mucho antes de lo que pensábamos. Después de desayunar, aparecieron los consabidos amargos: el pretexto ideal para hidratarnos (una preocupación permanente en la altura); pero también sirvieron para conocer a Cayetano Vilte, un verdadero personaje del pueblo, apodado Caniggia por sus virtudes futbolísticas, según nos contó, no por su parecido físico con el veloz rubio que nos regalara aquel gol increíble contra Brasil en Italia ’90.
A la tarde, al cabo de un par de horas de caminata por el pueblo y dado que nos sentimos muy bien, decidimos seguir adelante con el Plan de Ascenso: mañana iremos a Casa Mocha. Por tanto, dedicamos el resto de la tarde a preparar el equipo personal y general, y a separar la comida utilizar; también contratamos otra camioneta para ayudarnos al traslado hasta el Campo Nº 1.
 
El ascenso.
            Con gran excitación, terminamos de armar las mochilas, cargamos las camionetas y, poco después de las 9:00 horas, partimos hacia el pié de los Nevados del Chañi, no sin antes encargarle a Caniggia un cordero para la vuelta. Media hora después pasamos por El Angosto (23º 55’ 17,9’’ S – 65º 49’ 11,3’’ O – 3.574 m), un pequeño caserío donde el paso de las camionetas representa el único atractivo para los chicos del lugar; pero a partir de allí, el ingreso a una quebrada cada vez más estrecha, donde la huella minera se vuelve muy áspera, lentificó nuestro avance. Finalmente, tras 22 km, llegamos a Casa Mocha (24º 01’ 6,11’’ S – 65º 46’ 52,8’’ O – 4.270 m), lugar elegido para instalar el Campo Nº 1.
 
Un alto en el acercamiento frente a Tres Morros.
 
 
            Aprovechando un corral alto para protección del viento, armamos tres carpas, en tanto que una habitación pequeña nos sirve de cocina; la buena adaptación a la altura mantiene intacto nuestro apetito (una buena señal) y, poco después de las 19:00 horas, cenamos capelettinis con atún en aceite y a dormir.
            Amanece el miércoles 23 de julio con un día espléndido; nos levantamos a las 8:00 horas, desayunamos, desarmamos el Campo Nº 1, dejando no obstante una carpa armada, un calentador y comida por cualquier eventualidad, y nos preparamos para ascender al siguiente campamento. Como continúa la huella minera que, según Caniggia, lleva directamente al Campo Nº 2 llamado Jefatura de los Diablos, entonces Carlos se va en su pickup llevando todas las mochilas mientras nosotros avanzamos por una senda que discurre casi en forma paralela. Poco después de 3 horas, llegamos a Jefatura de los Diablos (24º 02’ 19,2’’ S – 65º 45’ 38,8’’ O – 4.922 m), pero de la pickup ni noticias. Nos asomamos a un filo y nada; descubrimos, entonces, que hemos cometido el error más básico y elemental del abc de un montañista: nunca te separes de tú mochila, porque ella contiene el abrigo, el agua y la comida para sobrevivir en la alta montaña. Apurados y preocupados, comenzamos un faldeo en descenso y, al cabo de una hora, lo encontramos a Carlos más preocupado aún; decidimos cambiar de planes e instalar un campamento de altura improvisado al costado de la huella (24º 01’ 34,8’’ S – 65º 45’ 34,9’’ O – 4.745 m); mañana iremos al Campo Nº 2.
 

La villa de El Moreno, con la impactante escuela pronta a inaugurarse.

 

            Al día siguiente, amanecemos sin mayores urgencias y esperamos hasta que el sol empiece a calentar las carpas, para recién ponernos de pié; pasadas las 11:00 horas iniciamos el faldeo y, al cabo de una hora y media, llegamos al Campo Nº 2: Jefatura de los Diablos; un antiguo refugio minero abandonado con dos piezas muy bien protegidas: una usaremos de cocina-comedor y la otra de dormitorio. Un sol maravilloso nos acompaña todo el día en esta vertiente oeste, donde sólo el viento helado nos hace recordar que estamos en pleno julio. Tras una temprana cena: salchichas con puré de papas, a las 20:00 horas estamos todos acostados, preparándonos mentalmente para el gran día: mañana atacaremos la cumbre.

El asalto final.
            A las 3:00 horas del viernes 25 de julio, el celular de Christian nos anuncia que es hora de levantarnos; sin mucho apetito, desayunamos sabiendo de la importancia de la glucosa y de mantenernos hidratados. Luego, con dos litros de agua, chocolates, barras de cereal y caramelos, y con todo el abrigo disponible (primera capa de fibra sintética, buzo y pantalón de polar, campera de douvet, pantalón y anorak impermeable, y con los grampones en la mochila), encendimos las linternas y a las 4:20 horas iniciamos el ataque a la cumbre. Al principio, en ausencia total de viento pero con la luz que brindan los restos de una menguante luna, avanzamos a través de un acarreo de rocas grandes que va girando lentamente hacia el sureste, en dirección al portezuelo que conduce al filo cumbrero. Conforme pasan las horas, el frío se hace sentir y un viento heladísimo del oeste comienza a castigarnos las espaldas; pasadas las 7:00 horas, nos preparamos para enfrentar la hora más fría previa a la salida del sol. Con una temperatura estimada en -15 ºC y un viento no inferior a 50 Km/h, el frío nos está matando; pese a que permanentemente estamos moviendo los dedos de las manos y pies, no logramos recuperar la sensibilidad (aún con zapatos plásticos, tengo los pies helados y tengo insensibles los meñiques de ambas manos, lo cual me preocupa sobremanera).
 

El Campo Nº 1 instalado en Casa Mocha, a 4.270 m.s.n.m.

 

            Hacia las 8:30 horas alcanzamos el filo cumbero y el sol, que tímidamente se eleva en el este; sin embargo, cerca de las 9:00 horas, cuando pisábamos los 5.500 m, Libia presenta síntomas inconfundibles del Mal Agudo de Montaña y no puede más. Cuando me acerco, encuentro a Claudia que intenta consolar a Libia, quien llora amargamente por la pena y la decepción de tener que renunciar a la cumbre. Si bien Claudia se ofrece a acompañarla hasta el refugio, las condiciones climáticas son tan duras (nunca antes en toda mi vida sentí tanto frío en una montaña), que decido bajar con ambas. A los gritos en medio del viento, le comunico mi decisión a Martín y le doy las banderas argentina y de la A.M.C. para que las lleve a la cumbre. Afortunadamente, el resto está muy fuerte y siguen avanzando contra el viento, que sopla sin cesar.
            Al cabo de tres horas de duro ascenso, nuestros compañeros logran alcanzar la rocosa pirámide somital y, finalmente, pasadas las 14:00 horas, Christian, Carlos, Noelia y Martín pisan la cumbre principal de los Nevados del Chañi (24º 03’ 46,7’’ S – 65º 44’ 44,9’’ O – 5.908 m, según G.P.S.), sobreponiéndose al frío, al viento y a los casi 6.000 m de altura de esta exigente montaña, muy poco visitada por los montañistas en pleno invierno.
 
El Refugio Jefatura de los Diablos, donde instalamos el Campo Nº 2 a 4.922 m.s.n.m.
 
 
            El reencuentro de todos en el Campo Nº 2 cerca de las 19:00 horas, fue un momento maravilloso y de profunda alegría, para todos los que sentimos que una expedición es mucho más que un conjunto de personas, es una suma, una conjunción de voluntades en pos de un objetivo común, un grupo de románticos que ponen lo mejor de sí para alcanzar una cumbre.
 

Noelia Miranda y Carlos Rodríguez Lastra en la cumbre del Chañi.

 

Martín Barros en la cumbre del Chañi.

 

El regreso.
            Tras el extenuante día de ayer, con más de catorce horas de actividad, hoy sábado decidimos dormir hasta despertarnos espontáneamente; de nuevo, un sol increíble aparece tras el filo cumbrero cuando iniciamos el descenso hacia el Campo Nº 1. Desde allí, todos en la pickup de Carlos, volvemos a El Moreno donde esta noche nos espera un cordero al horno. Mañana será tiempo del regreso a San Fernando del Valle de Catamarca, donde muy a nuestro pesar, termina la Fiesta Nacional del Poncho y, difícilmente, lleguemos a tiempo para el cierre de la misma.
 
David H. Lucero
Jefe de Expedición









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2009-04-07 (5973 Lecturas)

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