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La A.M.C. al Himalaya 2.010





El Poder de los Sueños.

    Cuando a fines de 1.955, los primeros socios de la recientemente creada Agrupación de Montaña Calchaquí se reunían en sus domicilios particulares, movidos por una enorme aspiración: conquistar el Ojos del Salado (6.864 msnm), lo hacían con recursos muy modestos y limitados, sin mucha información, sin mucha experiencia previa, pero empujados por ese enorme poder que tienen los sueños para el ser humano. Y así, sin haber salido del Cordón del Ambato, René Peralta, Antonio Carrazana, Julio Díaz y Carlos García partían hacia el majestuoso volcán el 19 de enero de 1.956 en pos de un sueño.
    Hoy, a más de 50 años de esa aventura casi épica, la Institución ha crecido habiendo alcanzado las cumbres más altas de América: Aconcagua (6.962 msnm), Pissis (6.882 msnm), Ojos del Salado (6.864 msnm), entre otras; sus montañistas se han profesionalizado, incorporando las últimas tecnologías disponibles en equipos, realizando cursos de capacitación permanentemente; no obstante ello, el motor que nos mueve sigue siendo el mismo: el poder de los sueños.

Un nuevo sueño en el horizonte.
    Y para los montañistas, para los que amamos enfrentar el desafío que nos plantea la montaña sin más herramientas que nuestras piernas y un corazón generoso, existe un lugar en el mundo sinónimo del paraíso montañístico y del desafío en su máximo esplendor: el Himalaya.
    La cordillera del Himalaya es el sistema montañoso más alto del mundo; está situado en el continente asiático y se extiende a través de Pakistán, la India, el Tíbet, Nepal y Bután. En ella se encuentran las montañas más altas de la Tierra, incluidos los catorce ochomiles (montañas de más de 8.000 msnm); esta cordillera es el sueño máximo de cualquier montañista y allí se encuentra el objetivo que hemos elegido: el Cho Oyu, que con 8.201 msnm es la sexta montaña más alta del planeta. Se encuentra a 20 km al oeste del Monte Everest, en la frontera entre Nepal y el Tíbet (hoy en poder de China) y su nombre significa Diosa Turquesa en tibetano.


 
El Cho Oyu visto desde el Campo Base; a la derecha del mismo discurre el filo noroeste.


En 1.952, Sir Edmund Hillary (quien al año siguiente se convertiría en el primer hombre en alcanzar la cumbre del Everest junto a Tensing Norgay) y su equipo realizaron el primer reconocimiento de la vertiente noroeste. Dos años después, en 1.954, los austríacos Sepp Jochler y Herbert Tichy y el nepalí Pasang Dawa Lama alcanzaron su cumbre por primera vez.
A pocos kilómetros al oeste, se encuentra el collado Nangpa-La, un paso helado que sirve como ruta comercial entre el Tíbet y los Sherpas de Khumbu. Gracias a este paso, el Cho Oyu es el más accesible de los ochomiles y el de más corto acercamiento, habiendo sido el quinto ochomil en ser escalado después de Annapurna (junio de 1.950), Everest (mayo de 1.953), Nanga Parbat (julio de 1.953) y K2 (julio de 1.954).
Con la llegada del otoño de 2.010, en la primera semana del mes de abril, tenemos planeado volar directamente a Frankfurt, Alemania, donde permaneceremos algunos días comprando botas triples, cuerdas por metro, material de escalada, etc. Desde allí y en vuelo directo, viajaremos a Katmandú, capital de Nepal, ciudad que reúne las características típicas de la cultura hindú; a partir de allí, comenzará el viaje por tierra hacia el Tíbet, transitando la vertiente sur del Himalaya, pródiga en vegetación producto de las precipitaciones que los monzones dejan en sus laderas, pasando casi sin humedad a la meseta tibetana.


 
Los suburbios de Katmandú, con las banderas de oración en primer plano.


    En este viaje, transitaremos primero por Kodari, luego Zhang-Mu y finalmente, Nyalam, la última ciudad nepalí antes de cruzar la frontera; tras hacer los trámites de aduana, ingresaremos al Tíbet, una región autónoma de China, rodeada por territorios de dicho estado al este y al norte, por Pakistán al oeste, y por la India, Nepal, Bután y Birmania al sur.
Con una superficie superior al 1.200.000 Km2, pero a causa de las difíciles condiciones físicas, el Tíbet está muy poco poblado. Hasta la década de 1.950, constituía un país poco conocido, un mundo encerrado en sí mismo, con una cultura y una religión peculiares. Precisamente en 1.950, China invadió y ocupó el Tíbet; después de múltiples rebeliones y conflictos  armados, en 1.959 el Dalai-lama (máxima autoridad nacional) huyó a la India, y el sistema político y administrativo fue drásticamente reorganizado bajo la dirección de las autoridades chinas. Sólo a mediados de la década de 1.980 el país fue parcialmente abierto a los visitantes extranjeros.
    Resultado de esta ocupación, inmediatamente después de ingresar al Tíbet nos será asignado nuestro Oficial de Enlace, un oficial del ejército chino que acompañará nuestra expedición a sol y a sombra mientras estemos en su territorio, para asegurarse que nuestros pasos sólo se dirijan a la montaña elegida.

Nuestra estrategia.
    Hacer montaña, es decir, practicar montañismo significa vencer dificultades; significa sobreponerse al cansancio y a la falta de aire, significa sacar a relucir el temple y la perseverancia, significa desarrollar la determinación y la voluntad para enfrentar la adversidad, significa buscar nuestros propios límites, pero movidos por una ética en la cual el fin no justifica los medios. Porque en la montaña no sólo importa alcanzar la cumbre, sino cómo se lo logra, con qué recursos. Por ello, la ruta elegida para escalar esta montaña es la ruta normal por la vertiente noroeste, más precisamente por el filo noroeste, y lo haremos sin la utilización de oxígeno artificial y sin recurrir a la ayuda de porteadores de altura, es decir, enfrentando solos todas las dificultades que plantea la montaña.



 
La calle principal de Tingri, el primer pueblo en territorio tibetano.


 
Un yak cargado y listo para iniciar el acercamiento.


Tras la asignación del Oficial de Enlace al ingresar al Tíbet, recorreremos poco más de 200 Km por tierra para arribar a Tingri, el primer pueblo tibetano y lugar desde donde iniciaremos el acercamiento hacia el Campo Base del Cho Oyu. Acompañados por los yaks, que llevarán toda nuestra carga, remontaremos el arroyo de deshielo que nace en la lengua del glaciar Gyabrag y, tras cuatro días de marcha, llegaremos al pie de la vertiente noroeste, al lugar elegido para instalar el Campo Base a 4.350 msnm.
 


Banderas de oración en el Campo Base; a la izquierda nuestro objetivo: el Cho Oyu.


Una vez instalados en el Campo Base, iniciaremos allí la fase de aclimatación a la altura, que es el período necesario para que se desarrollen en nuestros organismos los cambios imprescindibles para adaptarnos a la falta de oxígeno; inicialmente, la primera respuesta del cuerpo humano a la altura es la hiperventilación, es decir, un aumento en el volumen y en la frecuencia respiratoria, pero a medida que transcurren los días de permanencia en la altura, un segundo proceso más lento comienza a desarrollarse: la creación de glóbulos rojos, aumentando con ello la capacidad de transportar oxígeno de la sangre, a la vez que aumenta la voracidad por el oxígeno de la hemoglobina.


 
El Campo Base Avanzado y los tres Campos de Altura en la ruta al Cho Oyu por el filo noroeste.


    Entre tanto, comenzaremos a transportar con nuestras mochilas todo el material necesario para equipar la montaña: carpas, calentadores, comida deshidratada, cuerdas, material de escalada, equipo de abrigo, etc., instalando un Campo Intermedio a 4.850 m en primer término y, luego lo que denominamos el Campo Base Avanzado, un campamento situado al pie del filo noroeste y punto de partida para la escalada propiamente dicha de la montaña.
    Concluida esta fase, lo cual nos tomará alrededor de una semana, descansaremos un par de días en el Campo Base alimentándonos profusamente, para iniciar el ascenso y equipamiento de los Campos de Altura. A partir del Campo Base Avanzado, tras unas 6 horas de escalda en hielo, instalaremos el Campo 1 a 6.445 m en una depresión del filo noroeste; tras descender al primero y cargar más víveres, aplicando la técnica diente de sierra para facilitar la aclimatación a la gran altura, de ascender durante el día y retornar a dormir a un campamento más bajo, ascenderemos luego a instalar el Campo 2 a 7.040 m, superando la zona más comprometida de toda la escalada, conocida como la Cascada de Hielo.


 
La Cascada de Hielo, la zona más comprometida entre los Campos 1 y 2.


    Para finalizar el equipamiento de la montaña, instalaremos el Campo 3 a 7.500 m en una saliente rocosa del filo noroeste; una vez allí, sólo deberemos esperar que las condiciones climáticas nos acompañen para lanzar de madrugada el ataque a la cumbre de 8.201 m por el glaciar somital hasta alcanzar la arista final, buscando celebrar el Bicentenario de la Revolución de Mayo en la cumbre del Cho Oyu.
    Si logramos nuestro objetivo principal y, sin perder de vista que alcanzar la cumbre representa exactamente la mitad del camino, iniciaremos el descenso al Campo 2 recuperando todo el material utilizado para equipar la montaña y, finalmente al Campo Base, desde donde retornaremos a la Argentina desandando el camino de ida.




David H. Lucero
Presidente A.M.C.









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2009-04-20 (3046 Lecturas)

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