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Ascenso al Cerro Manchao




¿La Tercera es la Vencida? Ascenso al Manchao.


Ascenso al Cerro Manchao (4.585 m.s.n.m.) 


Primero que nada debo confesar que El Manchao para mi era una cuenta pendiente, ya que había intentado ascender a su cumbre en 6 oportunidades. Sí, como leen, 6 intentos fallidos, pero que por circunstancias que no viene al caso recordar una por una, no había podido hacer cumbre, aunque ya cada vez que ocurría lo tomaba con humor.


Fue así que el miércoles 10 de junio en reunión de Comisión Directiva, decidimos 3 socios ascender al Manchao por la vertiente este del cerro, también conocida como el Filo de las Torres. Los integrantes de dicha expedición éramos: Julio Vazquez, Gustavo Zelarayán y quien escribe, Sergio Ariel Mercado.



 

El viernes 12, salimos a las 7:30 desde la ciudad capital y recorrimos los 40 Km que nos separan de la hermosa villa veraniega de El Rodeo, en una camioneta de un amigo, quien gentilmente nos llevó hacia ese paradisíaco lugar de Catamarca.

Luego de las fotos de rigor en el acceso al río, que deberíamos cruzar unas 30 veces aproximadamente, comenzamos la marcha buscando la senda y los cruces, siempre tratando de no mojarnos los pies, ya que el frío se hacía sentir.

Después de unas 3:30 horas de marcha, llegamos al puesto de don Tito Mascareño, quien nos recibió cordialmente con un rico mate cosido y nos deseó éxitos en nuestra expedición; nos despedimos y continuamos nuestra marcha, para luego, a las 16:30 aproximadamente, llegar al lugar donde sería nuestro primer campamento, en la Casa del Río o de los Pescadores; allí pasaríamos la noche vivaqueando, ya que si bien llevamos carpa, la noche se presentaba no muy rigurosa en cuanto al frío se refiere. Sacamos unas fotos en una hermosa cascada que está a unos metros del lugar, merendamos, cenamos y a dormir porque al otro día nos esperaban unos 1200 m de desnivel.

Al día siguiente, nos levantamos a las 6:00 horas y comenzamos con los preparativos. Después de desayunar y armar las mochilas, comenzamos el duro repecho de ascenso; y digo duro, pues no solo es pesada la pendiente, sino que está muy sucia la senda con ramas, ya que casi no es usada por los baqueanos de la zona, pero que estaba “facilitada”, pues hacía un mes habíamos pasado con otro grupo, con quienes habíamos abierto a fuerza de pechar el monte un senda, precaria, pero acceso al fin.

Marchamos a paso firme y el esfuerzo comenzó a mellar las fuerzas de Julio, quien con gran coraje sorteó los obstáculos que se presentaban a cada paso. Más adelante, encontramos la senda lavada por los arroyos que se forman en los fondos de las pequeñas quebradas del faldeo que debemos desandar para llegar a la Casa Calchaquí (cueva de Hugo para los baqueanos). A las 16:00 horas llegamos a dicha cueva, nos acomodamos, tomamos algo caliente y comenzaron las comunicaciones vía celular con los familiares y amigos, cenamos y a las bolsas de dormir de nuevo, pues nos esperaba la jornada más dura.

El domingo 14 nos despertamos a las 4:30 am de la madrugada, desayunamos un buen mate cocido, bien cargado con azúcar, ya que el gasto de energía sería grande, y a las 6:30 horas nos pusimos en marcha hacia la cumbre los tres, con las linternas frontales, la cual dejé de usar inmediatamente, pues la luz de la luna llenaba todos los espacios del paisaje, a pesar de estar menguando; tal es así, que hasta nuestros corazones quedaban iluminados por tan hermosa luz, tenue, pero segura.

Entre zigzag y zigzag, llegamos al primer filo, que nos llevaría a las grandes canaletas por donde asomaríamos a la Pampa Colorada. Así es que a las 10:30 horas llegamos a dicha pampa, algo cansados, pero con la firme convicción de que la cumbre estaba cerca, y a las 12:00 horas estábamos saliendo del gran roquedal del Filo de las Torres los tres muy felices, pero soportando un viento muy frío y, a veces, fuerte que cambiaba de dirección a cada rato. Allí descansamos preparándonos para el ataque a la cumbre, que ya se la veía a la distancia, solo faltaba el zigzagueo final. Así que nos hidratamos bien, y comenzamos dicho zigzag, hasta que a las 13:20 horas llegamos a la urna de la Virgen, allí llenamos el libro de cumbre y seguimos a la cumbre real, con mucho cuidado, ya que los derrumbes dejaron muy difícil el acceso hacia la misma, y a las 13:50 horas gritamos CUMBRE los 3 integrantes de la expedición.

A las 14:20 horas iniciamos el regreso a la Casa Calchaquí, con mucho cuidado, ya que Gustavo presentaba signos de cansancio; así que decidimos utilizar una ruta de descenso alternativa a la de las canaletas, ya que éstas estaban bastante peligrosas por el hielo acumulado en muchas de su partes, lo cual hacía difícil el tránsito por las mismas.

Tomamos hacia el norte del Filo de las Torres, bajando por terreno consolidado, doblando por detrás del gran roquedal de las torres hacia la derecha, tomando luego hacia el sur de la ruta elegida, hasta llegar a la salida de la gran canaleta, en donde retomamos el filo que nos lleva hacia la cueva, y a las 17:45 horas llegamos a la cueva sanos y salvos, muy contentos y a la vez sorprendidos por las hermosas vistas y fotos que logramos en la cumbre. Además, cabe mencionar que en uno de los filos vimos una hermosa tropa de tarucas (ciervos), de unos 12 a 14 ejemplares, en muy buen estado. Esto me puso especialmente contento, ya que siempre los habíamos visto muy aislados por estas serranías.

Después de las comunicaciones de rigor, ya que en la cumbre no tuvimos señal de celular, nos acostamos a dormir, y el lunes 15 emprendimos el regreso con un frente de nubes que estaban muy bajas, pero que amenazaban tapar la ruta de descenso, aunque unas ráfagas de viento norte evitaron que llegaran a entrar en las quebradas del cordón del Ambato. Así que después de 11 horas de marcha, llegamos a El Rodeo, en donde apenas arribamos tomamos la combi de regreso a nuestras casas, cansados pero felices.

Vaya un homenaje para otros montañistas que desgraciadamente ya no se encuentran a nuestro lado, como es Guillermo Her y Darío Bracali, para quienes la montaña era una pasión, como lo es para estos locos que les gusta andar pateando piedras, y que muchas veces no sabemos cómo explicar con palabras lo que se siente el estar allí, y que por eso, a veces, no nos entiende la gente que nos pregunta por qué hacemos eso. Solo quiero cerrar este relato con una frase que me quedó grabada en mi memoria de don Tito Mascareño “…..a veces el viento es tan fuerte allá arriba, que hasta se lleva nuestros pensamientos…..” y así nomás es, hasta nuestros pensamientos se lleva, hacia donde nosotros los dirigimos, aunque a veces se los lleve hacia otros lados.

 

Sergio Ariel Mercado
Socio Activo de la A.M.C.









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2009-07-10 (3802 Lecturas)

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