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Ascenso al Cerro Pabellón





Relato Ascenso Cerro Pabellón (3.177 m.s.n.m.) por la vertiente norte.
18, 19 y 20 de Julio de 2009.


Me toca la difícil tarea de realizar el relato de esta expedición, pero más difícil fue tener que guiarla, ya que nunca lo había hecho antes…

La idea surgió unos días atrás. El plan de ascensión era el siguiente: partir desde El Rodeo el día sábado hasta el Puesto de Garriga y pasar la noche ahí. El domingo, muy temprano, salir para atacar la cumbre por la cara norte y descender por el mismo lugar, llegando en las últimas horas de la tarde/noche nuevamente a la villa de El Rodeo.

El plan resultó bastante atractivo, sumándose con muchas ganas Nicolás Aguirre, María Luz Núñez, Miguel Toledo, Eduardo Salas, Gustavo Zelarayán, Cesar Escobal Blanco y Hugo Mora, noveles montañistas egresados del C.I.M. 2008, motivados en parte por el amor a la montaña, y en parte por el espíritu de aventura, ya que la mayoría de ellos no conocía la quebrada del río Ambato, y ninguno, excepto yo, había ascendido al Pabellón por la cara norte.

 


Sábado 18 de Julio:
Las 7:30 fue la hora elegida para encontrarnos en el lugar de siempre, el Complejo Cultural Urbano Girardi. Allí recibimos la noticia que Gustavo y Miguel saldrían recién a la tarde. Partimos hacia la villa de El Rodeo en el auto de Hugo y en el de la familia Aguirre, que gentilmente nos acercó.

Desde el estacionamiento de la Hostería de El Rodeo, y después de controlar el equipo, es decir, carpas, calentadores, etc., emprendimos la marcha pasado algunos minutos de las 9 de la mañana. Allí se nos sumó un integrante más, un simpático perrito negro. En vano fueron los esfuerzos por evitar que nos siguiera, y aunque pensábamos que se quedaría en el primer cruce de río, grande fue nuestra sorpresa cuando, antes que pasara el último, él ya estaba del otro lado.

A las 13 horas llegamos al puesto de Don Tito Mascareño. Sabiendo que tiene unos excelentes guardianes, Hugo y Nicolás se adelantaron para avisar que nos acompañaba “el Negrito”, y así evitar que su aventura terminara allí. Unos minutos después, saludamos al dueño de casa que estaba en compañía de sus nietos, y continuamos la marcha. 15 minutos más y llegamos a Los Mimbres, lugar donde paramos a almorzar.

Alrededor de las 16 horas llegamos al Puesto de Garriga, el lugar elegido para pasar la noche. Armamos las carpas, nos pusimos ropa seca y encendimos el fuego. Instalados allí y mientras tomábamos algo caliente, analizamos la ruta que recorreríamos al día siguiente. De este análisis surgió que, para volver el domingo a casa, deberíamos caminar al menos un par de horas de noche. Esta idea no resultó muy agradable para la mayoría del grupo, pues no querían correr riesgos al  tener que cruzar el río de noche. Fue, entonces, que decidimos que la expedición duraría un día más. Con esta decisión tomada, la jornada del domingo sería más relajada, no deberíamos madrugar tanto y dispondríamos de todo el día para atacar la cumbre.

Relajados e hidratados, comenzamos a preparar la cena, un asadito, que estuvo a cargo de Hugo, quién merece un párrafo especial, no solo por su disposición para con la tarea, sino también porque llevó chorizos (y pan) para todos… Buenísimos los choris!!!

Después de comer el riquísimo asado y separar lo que quedaría para la cena del domingo, algunos se fueron a dormir, mientras otros nos quedamos charlando al calor del fogón secando zapatillas y esperando a Miguel y a Gustavo, que llegaron finalmente pasadas las 22 horas. Ahora sí, estábamos todos!!! Más tranquila, también me fui a dormir.


Domingo 19 de Julio:
06:45 es la hora elegida para arrancar una dura jornada. Amaneció un día espléndido, completamente despejado y con una muy suave brisa del sur…

Comenzamos a caminar a las 8 de la mañana, con las primeras luces del día, siguiendo una senda que pronto dejaríamos. Superamos algo más de 80 metros de desnivel y apareció ante nosotros imponente el Cerro Pabellón, y todo el filo que debíamos superar para llegar a su cumbre. Continuamos ascendiendo, entre todos fuimos buscando el camino, a veces en zig-zag y otras faldeando, tratando en cada paso de buscar el camino más directo y cómodo hacia la cumbre. A cada paso se siente el cambio de pendiente, en ningún momento se pierde altura.

Cerca de las 11, Cesar nos dice que no puede más, se siente agotado y no quiere perjudicar al resto, y que por ello se quedaría. Como no nos apremiaba el tiempo, decidimos darle una oportunidad de recuperarse y paramos unos 20 minutos, mientras Gustavo y Nicolás subían un poco para ver qué nos esperaba detrás de una loma que nos tapaba la vista. Aún cuando lo animábamos para seguir, Cesar nos dice que prefiere quedarse, no tiene resto para seguir subiendo y que, después de un rato, comenzaría a bajar. Con gran pesar, continuamos la marcha.

Montados por fin sobe el filo cumbrero, divisamos el último trecho de 2 horas aproximadamente, que nos quedaba por recorrer. De este lado, las rocas son mas grandes y presentan algunas dificultades, y en algún momento pensamos que podría complicar a nuestro nuevo amigo, el Negrito, que para nuestra sorpresa, logra salvar fácilmente. A las 14 horas gritamos juntos CUMBRE CARAJO!!! Luego de los abrazos, apretones de mano y todos los formalismos del caso, fotos, firma del libro de cumbre y demás, iniciamos el descenso por la misma ruta. A las 18 horas llegamos al campamento, cansados pero felices, estábamos otra vez todos juntos.

Poco a poco, nos fue ganando la noche y otra vez Hugo se hizo cargo de la cocina, calentando el asado que devoramos en pocos minutos. Antes de las 22 horas todos estábamos en la carpa.


Lunes 20 de Julio:
El reloj despertador sonó a las 06:45 horas, aunque a esa hora muchos ya estábamos despiertos por el fuerte viento que soplaba desde muy temprano.

Comenzamos la tarea de levantar el campamento sin dejar huellas de nuestro paso por allí, y el viento no solo nos complicó esta tarea sino que además nos apagaba los calentadores, lo que determinó que encendiéramos nuevamente el fuego y esto, naturalmente, retrasó la partida. A las 08:45 horas iniciamos el descenso por el río Ambato.

A las 11:00 horas pasamos por el puesto de Don Tito Mascareño; no había nadie en casa, sin embargo, dejamos allí unas golosinas que habíamos juntado para sus nietos y continuamos nuestro camino.

Después de más de cinco horas de marcha y tras alguna ida y venida en falso para ubicar la salida a la ruta, llegamos por fin a la Hostería de El Rodeo, poniendo fin a nuestra expedición, pero por sobre todo, poniendo fin al esfuerzo de nuestras piernas.

Para finalizar, solo me queda felicitar a todos los integrantes de la expedición por la fuerza y la garra que pusieron, y agradecerles de corazón la confianza depositada en mí.

 

Claudia Caletti
Socia Activa de la A.M.C.

 









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2009-08-20 (3139 Lecturas)

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