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Expedición Nevados Laguna Blanca Julio 2.009





Lo que el viento no dejó.

Utilizo este título para comenzar este relato ya adelantándome al final del mismo, pero que en realidad nos serviría como enseñanza para una posterior organización de la expedición hacia el Nevado Laguna Blanca (6.016 msnm), en época invernal, como nos habíamos planteado durante el presente año para las vacaciones de julio.

Partimos desde la ciudad Capital el sabado18 de julio de 2.009 hacia la ciudad de Fiambalá David Lucero (Presidente de la A.M.C.), Martín Barros, Guadalupe Molas, Noelia Miranda, Carlos Rodríguez Lastra (Bs. As.), Julio Vázquez y quien escribe este relato, Sergio Ariel Mercado, con la idea de participar en el 2º Aniversario de la creación del Museo de Alta Montaña Los Seismiles y el 1º Encuentro Nacional de Montaña, conjuntamente. Después de haber participado de dichos encuentros, nos dirigimos hacia lo que se conoce como el Norte Grande de Belén, más precisamente, la localidad de Laguna Blanca (3.300 msnm, aproximadamente), en plena Puna catamarqueña.
Allí nos hospedamos en el Refugio de Altura de Dirección de Ganadería, el cual fue cedido gentilmente hacia nuestra Institución para realizar la aclimatación correspondiente, antes de iniciar el ascenso al imponente nevado de Laguna Blanca. Este se presentaba con mucha nieve en su ladera este y filos cumbreros. Todos los días se veía que levantaba  viento blanco y los lugareños nos decían que estaba muy ventoso, y que “la luna dio la vuelta mostrando no muy buen tiempo para los próximos días”, ya que ese mismo día, una nevada nos recibió como correlato de nuestra estadía en el lugar, haciéndonos sentir el frío intenso de la altura en invierno.

No obstante, seguimos con nuestros planes, pero el día que teníamos planeado salir hacia el Campamento Nº 1 de Corral Negro, el arriero que habíamos conchabado para oficiar de guía y carguero con unas mulas, no llegó al Refugio, pero además Carlos presentaba un cuadro gripal que impedía iniciar el acercamiento, pues por ese tiempo la Gripe A acechaba a todos por igual. Fue así que decidimos esperar un día más para iniciar el ascenso y, recién el jueves 23, salimos David, Martín, Noelia, Guadalupe, Julio y yo hacia el Campamento Nº 1, enfilando hacia el norte del pueblo para luego quebrar hacia el oeste por un pequeño arroyo seco que se hundía como una herida en el terreno pedregoso, en el valle del Nevado; este arroyo fue elegido por Don Eusebio Pachado, por el sencillo hecho que oficiaba de protección ante el fuerte viento que arreciaba.
 Al llegar a la quebrada de un río desviamos hacia el roquedal que da inicio a las estribaciones del Nevado, y subimos a esa especie de filo, que nos llevaría hacia el Puesto Corral Negro, el cual se encuentra enclavado a 3.900 msnm, aproximadamente. Allí pernoctamos, algunos dentro del rancho semiderruido y otros en carpa, pasando una noche espléndida con un clima frío, pero agradable.

 Al día siguiente, al regreso de Don Eusebio quien seguiría oficiando de guía, salimos hacia nuestro Campamento Nº 2, previsto a 4.800 msnm; a poco de andar, nos encontramos con una vertiente que se convertía en una especie de ciénaga congelada, bastante ancha, donde debimos pasar con mucho cuidado por el peligro de caída que significaba la presencia de hielo en el lugar y, además, sumado a esto las mochilas cargadas con todo el equipo para la expedición.
 Después de varias horas de marcha, decidimos acampar a 4.450 msnm, en una especie de hondonada con nieve y una lagunita congelada un poco más abajo, ya que el esfuerzo para llegar a lo que teníamos previsto como Campamento Nº 2 estaba lejos de concretarse, pues el terreno se presentaba muy difícil, sumándose el frío y, lo que hasta ese momento no habíamos tenido en cuenta, la poca aclimatación que presentábamos, ya que los 3.300 msnm de la Villa no habían sido lo suficiente para lograr una buena aclimatación a la altura. A esto lo confirmaríamos al día siguiente, cuando David decide abandonar la expedición con un fuerte dolor de cabeza y regresar hacia el pueblo por seguridad. Por lo tanto, continuamos Martín, Guadalupe, Noelia, Julio y yo, hacia el Campamento Nº 3, siempre guiados por Don Eusebio, quien demostró una fortaleza física excepcional y una solidaridad excelente hacia nosotros.

 Ascendimos por un duro acarreo durante varias horas, siguiendo un filo que, a veces, nos montábamos sobre el mismo y que, otras veces, bajábamos unos metros para protegernos del viento, pero que era igual de duro ya que todo el terreno se presentaba pedregoso y así, después de varias horas de marcha, llegamos a lo que sería nuestro Campamento Nº 3 de altura, a 4.800 msnm.
Allí nos despedimos de quien había sido nuestro guía, Don Eusebio, y armamos el campamento detrás de un roquedal protegiéndonos lo mejor posible del viento, para luego descansar y trazar el ataque a la cumbre, ya que nos esperaban 1.200 metros de desnivel. Tomamos la decisión de salir a la misma a las 4:00 de la madrugada, ya que debíamos hacer cumbre lo más temprano posible, pues en época invernal, como todos sabemos, los días son más cortos, lo que nos obligaba a regresar lo más temprano posible, ya que era preferible hacerlo de día debido al cansancio que seguramente presentaríamos todos por igual.
 Esa noche dormimos a medias, ya que en mi caso tenía un poco de dolor de cabeza, pero cuando logré conciliar el sueño, unas fuertes ráfagas de  viento se hicieron sentir en las carpas, y el sueño fue casi imposible, pues las carpas se sacudían al compás del mismo. Con decir que hasta nos costaba hablar con nuestro compañero de carpa, así es que los handies nos sirvieron como medio de comunicación entre ambas carpas, que estaban a menos de un metro una de otra, puesto que era casi imposible comunicarse directamente entre ambas.
 Esperamos hasta las 6:00 de la madrugada y recién a esa hora empezó a aminorar el viento, pero después de un análisis concienzudo decidimos abortar el ataque a la cumbre, ya que nos había quitado un tiempo precioso; recién a las 7:30 disminuyó bastante el viento, pero para ese momento, ya habíamos decidido el regreso a la Villa, pues no teníamos garantía de mejora, ya que se veía en la cumbre  y filos cómo se levantaba la nieve por el viento que arreciaba allí.

 Salimos, entonces, desde el Campamento Nº 3 a las 10:30 horas de la mañana y llegamos a la Villa a las 18:00 horas, generando gran sorpresa en quienes nos esperaban allí, David y Carlos, ya que esa noche en el pueblo había sido una noche tranquila.
 Decidimos juntarnos a charlar y repensar una futura expedición para más adelante; por lo pronto, sólo nos quedaba reflexionar lo vivido hasta  ese momento y llegamos a la conclusión que se debía aclimatar más alto. Y bueno, con respecto al viento, rogar a la Pacha que nos deje subir, ya que no podemos manejar las inclemencias del tiempo, solo esperar y rogar que nos deje coronar la expedición con la cumbre y un  buen regreso a casa. Solo cierro este relato con la frase que lleva como título, lo que el viento no dejó.

 

Sergio Ariel Mercado
Socio activo e integrante de la Comisión Directiva A.M.C.


Mirá las fotos de la expedición en la Galería de Fotos.

 









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2009-10-29 (3097 Lecturas)

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