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Curso de Iniciación a la Montaña (C.I.M.)





El contacto que el socio José Luis Gómez Bello realizó con Pablo Schlögl, Instructor de Andinismo de la Dirección de Deportes de la Universidad Nacional de San Juan, en el invierno de 1.985, posibilitó la realización del Primer Curso de Escalada en Roca en el mes de diciembre del mismo año, y del Segundo Curso de Escalada en Roca en el mes de noviembre de 1.986. Ambos cursos tuvieron una gran aceptación y repercusión, lo que no hizo más que poner de manifiesto la avidez que existía entre los jóvenes de poder contar con actividades deportivas alternativas.

            Por otro lado, las actividades que desarrollaban con los niños las socias Mercedes Díaz, Lucrecia Molas y Nora Varela fundamentalmente, eran eminentemente recreativas y de tipo campamentil, dada la corta edad de los chicos; pero estos niños no encontraban la posibilidad de crecer como montañistas al arribar a la adolescencia.

            Además, y como lo muestra la crónica de buena parte de la existencia de la A.M.C., muchas personas se acercaban a la institución, participaban de dos o tres salidas a la montaña y quizás, por no recibir una formación adecuada o por no encontrar estímulos suficientes, se alejaban sin llegar siquiera a conocer el espíritu del montañismo, el desafío que éste entraña.

            Por último, cabe agregar que la A.M.C. estaba transitando una nueva etapa, signada por la presencia anual y permanente en la Cordillera, tanto en los Andes Centrales como en la Puna, que exigía montañistas con una fuerte formación técnica y física.

            Este panorama movió a la Comisión Directiva a pensar en un Curso de Iniciación a la Montaña (C.I.M.), como la herramienta que permitiera, entre otras cosas, nivelar los conocimientos teórico-prácticos de los socios, sistematizar la práctica de la actividad de montaña, permitir el ingreso de nuevos socios con un conocimiento claro de lo que supone el montañismo, integrar conocimientos científicos sobre el medio donde se desarrolla la actividad y poner en práctica las técnicas del montañismo.

            Así, promediando el mes de septiembre de 1.989 y con una duración de tres meses, lanzamos el primer Curso de Iniciación a la Montaña, con una estructura de dos clases teóricas semanales y una clase práctica los días domingos, alternando prácticas de escalada en roca en la palestra con ascensiones de baja y media montaña. Treinta y dos personas, en su mayoría adolescentes alumnos del nivel medio, confiaron en nuestra propuesta e iniciaron el C.I.M., quienes, luego de dos evaluaciones parciales teórico-prácticas, aprobaron el mismo coronando la cumbre del Manchao (4.585 m.s.n.m.), máxima altura del Cordón del Ambato. Una nueva expedición conjunta entre la U.N.S.J. y la A.M.C. al Valle del Colorado en enero de 1.990, permitió el debut en cordillera de los noveles montañistas, lográndose las cumbres de La Ramada (6.400 m.s.n.m.) y del Alma Negra (6.100 m.s.n.m.), ambas en el Cordón de La Ramada, situado en los Andes Centrales sanjuaninos. En esta expedición, Claudia Caletti con tan solo 13 años, se convirtió en la persona catamarqueña más joven en pisar una cumbre de cordillera de más de 6.000 m, record que aún sigue intacto.




Marta Achá y los hermanos Gabriela y Gonzalo Álvarez Parma en la cumbre del Manchao (4.585 m), en diciembre de 1.989.

Para 1.990, con la experiencia adquirida el año anterior, lanzamos el segundo Curso de Iniciación a la Montaña con una estructura muy similar, contando con la sala del C.R.A. (Centro de Recursos del Aprendizaje) de la E.N. Clara J. Armstromg para el dictado de las clases teóricas, que permitía contar con todos los recursos de última generación por ese entonces. Para llevar a los alumnos del segundo C.I.M. a la cordillera, y pensando en retribuir las gentilezas recibidas el año anterior, invitamos a los sanjuaninos de la U.N.S.J. para conformar una expedición a la Cordillera catamarqueña, alcanzándose la cumbre del Volcán San Francisco (6.020 m.s.n.m.) en enero de 1.991.

            En 1.991 y en 1.992 realizamos el tercer y cuarto Curso de Iniciación a la Montaña, respectivamente, con similares características y gran repercusión pero, por sobre todo, con la firme convicción que éstos debían concluir con una expedición a la cordillera, donde los nuevos montañistas pudieran percibir lo duro y, a la vez, cautivante de este deporte que nos lleva la vida. Así, una vez más en los Andes Centrales, las cumbres del Negro (5.500 m.s.n.m.), el Alma Negra (6.100 m.s.n.m.) y La Ramada (6.400 m.s.n.m.) fueron pisadas por los alumnos del C.I.M.

            Y entonces, sobrevino una de esas etapas oscuras tan frecuentes en la vida la A.M.C., donde lo que se había constituido en una sana costumbre anual tocó a su fin. Quizás en parte, por obligaciones laborales de los socios más antiguos que limitan fuertemente el tiempo disponible para dedicarle a la institución, y en parte también, por la incapacidad de los nuevos socios de tomar la posta y darle continuidad a la formación de nuevos montañistas.

            Diez años después, en 2.002, el Curso de Iniciación a la Montaña cobró vida nuevamente. Y durante los meses de junio, julio y agosto dictamos el quinto C.I.M. en las instalaciones de la E.N.E.T. Nº 1, con prácticas de escalada en roca y ascensiones de baja y media montaña en el Cordón del Ambato, cerrando el curso con la ascensión de nuestro cerro escuela por excelencia, el Manchao (4.585 m.s.n.m.). Pero la dramática crisis que vivió el país ese año, impidió contar con los recursos económicos necesarios para organizar una expedición a la cordillera.

            Y 2.005, el año del cincuentenario de nuestra institución, supuso una fuerte reestructuración del C.I.M., priorizando los contenidos directamente relacionados con media y alta montaña, tales como Marcha en Montaña, Equipo Personal, Cartografía, Orientación y Navegación y Afecciones de Montaña, estrechamente vinculados a las características de la cordillera catamarqueña, cerrando esta etapa de formación con el debut en alta montaña en el Volcán San Francisco (6.020 m.s.n.m.), contiguo al paso homónimo.

Nuevamente, el año 2.006 durante los meses de octubre y noviembre, supuso el dictado de la séptima edición del C.I.M., en las instalaciones de la E.N.E.T. Nº 1, con una estructura de una clase teórica semanal, alternando con ascensiones de baja y media montaña los fines de semana. Por último, y con un inusitado éxito, el año 2.007 significó la explosión del C.I.M.: jueves tras jueves, en un aula colmada, personas de todas las edades asistieron a las clases teóricas, con salidas a la montaña fin de semana por medio y, tras dos meses y medio de cursado y una evaluación teórica, 34 alumnos aprobaron el curso. Algunos días después, en enero de 2.008, 15 alumnos tuvieron su debut en alta montaña, alcanzando la cumbre del Vn. San Francisco, su primer seismil, tan solo tres meses después de haberse iniciado en el montañismo.

A partir de 2.008, un escenario nuevo recibió al C.I.M.: la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Catamarca, más toda la tecnología puesta al servicio de la clases teóricas, tal como Internet inalámbrica, data show y pantalla de proyección, que posibilitaron intercalar imágenes y videos durante el desarrollo de los temas tratados. Nuevamente, un numeroso grupo realizó las ascensiones programadas en el cordón del Ambato, con el record de 28 personas en la cumbre del Manchao (4.585 m.s.n.m.), y 28 alumnos aprobaron el curso, muchos de los cuales tomaron parte de la expedición debut a la alta montaña, alcanzando la cumbre del Vn. San Francisco el 10 de enero de 2.009.




Los alumnos del C.I.M. 2.007 en la cumbre del Vn. San Francisco (6.020 m), en enero de 2.008. Al fondo, a la izquierda el Inca
Huasi y a la derecha el Ojos del Salado.



Hoy, a veinte años de la primera edición del C.I.M., la experiencia nos ha mostrado que éste representa la forma más adecuada, sistemática, organizada y segura de introducir nuevos jóvenes a las actividades de montaña; actividad que, cuando es practicada sabiendo de antemano que la montaña no perdona errores, que llegar a la cumbre es opcional pero regresar vivo es obligatorio, pueda ayudarnos a derribar ese prejuicio generalizado que muestra al montañismo como un deporte de alto riesgo.

 

 

                                                                                              David H. Lucero









Copyright © por Agrupación de Montaña Calchaquí Derechos Reservados.

Publicado en: 2008-05-30 (16072 Lecturas)

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