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Co. Altos de Arena .... La libertad de las Cimas
Enviado el viernes, 29 de mayo a las 16:02:47 por admin
Noticia El cerro Altos de Arena es el segundo punto más alto del cordón montañoso de Ambato, al superar los 4440 msnm, de acuerdo con nuestra lectura de GPS el día 24 de mayo de 2015. Es sin embargo una de las montañas menos visitadas de la región, quizá por la poca información que se encuentra sobre la misma, quizá por el mítico aprieto de encontrar agua en el trayecto de ascenso, la dificultad de encontrar la cumbre verdadera, o cualquier otra razón. Como podrán imaginarse, un lindo desafío. Con el compromiso de seguir formando montañistas en las filas de la A.M.C., el proyecto cumbres de Ambato 2015 planteó alcanzar la cumbre de esta emblemática montaña por la ruta normal, la cual se abre paso desde el portezuelo del cerro Crestón, con el objetivo principal de relevarla al máximo y ponerla en valor para futuras ascensiones, a la vez que se intentaba determinar su dificultad técnica y recabar demás detalles. Luego de convocarnos mediante una invitación a todos los socios, el día 22 de mayo cerramos detalles de equipo, puntos de la ruta, tiempos de marcha, horarios y dejamos todo listo para partir el día siguiente a las 5 a.m. con rumbo a Los Ángeles y comenzar la marcha bien temprano. Participarían de esta aventura ocho amigos de nuestra querida agrupación: Verónica Olaz, Luciana Moreira, Nadia Aranda, Hugo Mora, José Luis Charro Caballero, Efraín Nieva, Luis Emilio Martín y Diego Novaira. La mañana fresca del 23 nos encontró desandando la senda con dirección al portezuelo del Crestón. Con las linternas encendidas, rompiendo la oscuridad aún reinante y con paso firme y constante fuimos ganando altura, atravesamos el último cruce del río Los Ángeles y el sol comenzó a iluminar el filo que la expedición del año 2010 eligiera para su ascenso. Uno a uno dejamos atrás los ranchos de los puesteros que se levantan a la vera del sendero y realizamos el ejercicio que nos habíamos propuesto: de que uno tras otro, todos los miembros del grupo se turnaran para ir a la cabeza de la fila auspiciando de guías, una experiencia más que fructífera. Luego de casi 5 horas de marcha, el portezuelo del crestón fue un objetivo cumplido - la primera etapa del recorrido había sido completada y era entonces el tiempo y lugar indicados para almorzar, quitarnos las mochilas y darnos un corto pero reparador tiempo de descanso.






A poco de pasar las 13 hs. nos encontrábamos nuevamente en marcha, ahora desandando la ascendente y trabada senda que se abre paso al sur oeste desde el portezuelo. Si bien ya nadie conocía este tramo del recorrido, nos sorprendió la buena calidad del caminito y lo suave de su pendiente. Más aún, nos sorprendió la presencia de gauchos que, en compañía de sus perros y sobre sus fieles caballos, subían y bajaban la senda en su fajina de revisar la hacienda. No faltó el anecdótico y cuasi tradicional comentario desalentador de los arrieros dirigido a quienes desandan estas laderas a pie, así como la dispar profecía de tiempos de marcha que nos separaba de nuestro objetivo, 10 horas según uno de ellos, unas 4 a juicio de otro más optimista. Conocedores de estas particularidades, seguimos nuestra marcha, ahora atentos a encontrar agua y alcanzar un lugar de acampe adecuado para pasar la primera noche en la montaña. El primer problema fue descartado cuando uno tras otro, diferentes cursos de agua de todos los tamaños, incluyendo un arroyo grande, aparecieron en nuestro camino. En cuanto al lugar de acampe, deslindamos la responsabilidad y fue el reloj quien tomó la decisión por nosotros, pasadas ya las 17:30 hs. y todavía sin encontrar la denominada Virgen de la Carona del Indio, sitio donde habíamos planificado acampar. Apuramos el trámite y una rápida exploración dio con el lugar que encontramos más adecuado y en el que como sorpresa, había utilizado la expedición del 2010. En pocos minutos armamos nuestras carpas y dispusimos todo para merendar. Sin embargo, el pequeño curso de agua que por allí corría era un rastro casi seco y contaminado. Con esta nueva preocupación, y mientras el grupo terminaba de armar el campamento, pudimos dar con una pequeña vertiente que nos brindó en poco más de una hora y media los casi 12 litros de agua que necesitábamos para reaprovisionarnos. Gota a gota llenamos los recipientes y decidimos construir una pequeña represa que nos facilitaría obtener el vital elemento al día siguiente. Desandamos los 150 metros hasta el campamento, mateamos, cenamos y nos dispusimos a descansar. A las 6 a.m. del día domingo 24 los despertadores sonaron casi simultáneamente en las 3 carpas. Entre voces lamentosas, fuimos saliendo del acogedor y cálido descanso, nos deshicimos de la modorra y activamos lentamente el “modo despierto”. Los calentadores sonaron al unísono. El activador desayuno demoró el arranque al regalarnos unos fenomenales minutos más, y luego de armar las mochilas y acondicionar las carpas, nos dispusimos para la jornada clave. Era el día en que alcanzaríamos la cima, o al menos dejaríamos todo en el intento. A las 07:30 y con las primeras luces del día continuamos la travesía. A los pocos minutos, nos sorprendió encontrar el sitio de acampe que habíamos planificado y que nos vimos obligados a cambiar, por lo entrada de la tarde, el día anterior. La senda que asciende es sorprendente - se abre paso entre quebradas estrechas y cañadones, atraviesa vegas y planchones de gramillas, tiene pasos comprometidos y tramos de suave recorrido. Los grandes farallones rocosos de abruptas paredes son los protagonistas de esta etapa.






Junto con el espíritu de equipo que ahora reinaba en el grupo, cada uno en su rol fue tallando el segundo día de travesía. El aliento de unos empujaba a los más lentos mientras otros se cargaban con el equipo del compañero para echar una mano y alivianarle la espalda. La altura, ahora de casi 4000 msnm, empezó a mellarnos - los dolores de cabeza y la fatiga asechaban, pero la proximidad de la cumbre superó todo y fue el disparador que nos motivó a continuar. A las 12 alcanzamos el punto donde debíamos abandonar la senda - de seguirla, al norte alcanzaríamos la Virgen del Arenal, la cual no estaba en la cima y, por lo tanto, no era parte de nuestros objetivos. Pusimos la vista al poniente y salimos directo a nuestra meta. A poco de andar, ya sin senda, alcanzamos un roquedal granítico, que nos cobijaba del viento frio y nos invitamos a almorzar. Mientras tanto, aprovechamos para diagramar la trayectoria de nuestra virtual senda. De nuevo, pasado el reparador instaste del almuerzo, otra vez en fila salimos a desandar el que sería el último tramo de la travesía - una roca es un próximo objetivo; más allá otra y luego otra van siendo superadas, como virtuales estaciones. La fila que describe al grupo se alarga y se acorta, se estira y se aprieta, una y otra vez, según el ritmo de cada integrante. En esa dinámica, casi sin darnos cuenta, superamos los 4400 m. de altura, y en una amplia planicie y más allá, en la otra orilla de esa explanada, la cumbre aparece, cortando el horizonte. “¡Allí está!”, se escucha. “¡Casi podemos tocarla!”, dice alguien más. Es un promontorio rocoso sobre el que se destaca una apacheta que termina en una afilada punta. Nos acercamos. La ansiedad y la alegría nos invadían. Surgieron sonrisas en los rostros mientras llegaba el momento de reunirnos, apretarnos en un abrazo, darnos aliento y encarar el último tramo. Íbamos todos juntos, conteniendo el paso para no salir corriendo. Apretujamos los dientes, contuvimos la ansiedad y nos acercamos. “¡Llegamos, la hemos alcanzado, allí estamos!” Abrazos, risas, el grito de cumbre… la emoción se convirtió en algunos en lágrimas y otros en sonrisas. El cansancio quedó atrás, el dolor en las piernas desaparecía y las mochilas ya no pesaban. El frío se había ido y por unos minutos nos dejamos cautivar por el aire de la montaña, el que se respira en la cumbre, el que renueva el alma de cualquier montañista y por el cual parecemos adictos. Son las 3 de la tarde, el Manchao aparece al norte y destaca como el titán de Ambato; más al sur el Peinado, al oeste el Famatina y al norte el Aconquija. Todo lo demás, por debajo, está cubierto de nubes, el espectacular paño de nubes blancas que se confunde con el mar, un campo de nieve un inmenso manto que cubre todo, la imaginación se da rienda suelta… En el libro de cumbre encontramos el testimonio de Christian Borgongo, una hora atrás había estado allí. En esa misma cumbre, luego de 5 años sin que algún amigo de la Agrupación la haya alcanzado, el mismo día y separados por menos de una hora, dos expediciones alcanzaron la ansiada cumbre. Coincidencias mágicas, sin explicación; seguro el duende del que Jaime habla, así lo habrá tramado, y ha sucedido. Media hora en la cumbre fue suficiente para la tradicional ceremonia: revisamos el libro, registramos en fotografías los momentos de alegría, alguien hizo su corpachada y agradeció a la Pacha Mama por su permiso; otros garabateaban, dedicaron nuestro logro y firmaron el libro de cumbre. Luego de guardarlo, sin mayores preámbulos, ya estábamos descendiendo.
Un nuevo objetivo se nos imponía - ahora debíamos intentar alcanzar el campamento antes de que la noche nos sorprenda. Recorrimos la senda, ahora conocida, con facilidad. La pendiente nos aseguró un paso rápido y casi sin descansos desdoblamos el camino. Nos recordamos levantar agua en algún curso, a fin de no depender del paupérrimo chorrito que nos daba la vertiente cercana al campamento, y así lo hicimos. La niebla ahora nos retaba, las últimas luces se perdían entre la bruma nubosa pero no nos doblegaba. Al rato alcanzamos la pampita de la Virgen de la Carona y desde allí el campamento estaba muy cerca. Las linternas relucían una vez más y caminamos los últimos metros hasta el campamento en completa oscuridad. A las 19:30, luego de cuatro horas de descenso, alcanzamos el campamento. Las últimas horas del domingo las pasamos calentando agua, cenando y organizando mentalmente las anécdotas de la jornada. La noche caía, las voces menguaban y el silencio nos cubría con su manto. El merecido descanso llegó, esta vez sin relojes hasta el otro día. La mañana del 25 de mayo dio comienzo pasadas las ocho. Desayunamos, desarmamos el campamento, y cerca de las 09:30 estábamos listos para nuestro último objetivo: “!Un sándwich de milanesa y una cerveza!”, proponía alguien. Antes debíamos descender y alcanzar los autos. Decidimos usar la ruta que en 2010 había seguido el grupo de la A.M.C. Sin embargo, dicha decisión no nos iba a ahorrar dolores de cabezas. Demoramos mucho en encontrar el filo correcto, las nubes conspiraban y amenazaban con cerrarnos el paso. Pronto alcanzamos un Rubicón, un punto desde donde no podíamos retornar, y nuevamente el espíritu de equipo apareció. Entre todos desatamos ese nudo que nos dificultaba encontrar la ruta correcta, analizamos y decidimos cada paso. Cerca de las 3 de la tarde llegamos al final del filo, la peripecia había terminado. Prácticamente lo habíamos logrado - solo nos quedaba descender al rio, cruzarlo y subir un trecho, para ubicar la senda al otro lado, sobre la ladera de la montaña. Así lo hicimos. Nos agrupamos y desandamos, ágiles, el último tramo de senda, el cual se convierte en camino. Aparecieron los álamos, ya se sentía el ruido pueblerino y podíamos divisar las casas, el vado y un último “pechoncito” que nos puso en los autos, allí sobre la rotondita de la villa norte, una vez más nos abrazamos, nos felicitamos, y la cerveza se convierte en trofeo. Son las cinco de la tarde, cuando nos acomodamos en los autos para regresar a casa. Mientras recorríamos la interminable y única calle de Los Ángeles, revivimos las anécdotas de las increíbles 3 jornadas que habíamos vivido; habíamos dejado atrás el mito de que en ese cerro el agua es escasa, que la cumbre es difícil de encontrar. Sobre todo, habíamos echado por tierra las premoniciones de aquel gaucho poco optimista que habíamos visto al comienzo de nuestra expedición. Regresábamos victoriosos y llenos de júbilo. Los ocho habíamos alcanzado la cumbre, fruto de la solidaridad y el espíritu de equipo. Reflexionando, es éste nuestro mayor logro: fuimos un equipo por un rato, ahora un grupo de buenos de amigos. Y eso supera cualquier cumbre. Feliz día Patria, vivimos la libertad…
Diego Novaira




Cumbre Altos de Arena







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